Historia 5: La piña que descubre que vive la misma semana una y otra vez
Escena 1 — El primer lunes
La primera vez que Piña pensó que se lo estaba imaginando, no le dio mayor importancia. Fue solo una sensación fugaz, el tipo de déjà vu que cualquiera experimenta de vez en cuando y olvida a los pocos minutos.
Era lunes por la mañana. El café se derramó exactamente en la misma esquina del mostrador de siempre, una mancha que llevaba semanas sin conseguir limpiar del todo. Su hermana llamó, como cada lunes, a las 9:14 en punto, con las mismas primeras palabras de siempre: «¿Ya has desayunado?». Piña respondió con el mismo comentario automático que respondía siempre, sin pensarlo, sin darle ninguna importancia a la rutina.
Escena 2 — La segunda vez
La sensación volvió al día siguiente. O eso creyó al principio, hasta que se dio cuenta, con un escalofrío que le recorrió toda la piel, de que no era al día siguiente en absoluto.
Era el mismo lunes. Otra vez.
El café se derramó en la misma esquina exacta del mostrador. Su hermana llamó a las 9:14, con las mismas palabras exactas, sin ninguna variación perceptible.
—¿Ya te había contado esto antes? —le preguntó a Melón, su compañero de puesto, con una sensación extraña que no sabía cómo poner en palabras sin sonar completamente perdida.
—¿El qué? Si acabas de llegar hace un minuto —respondió él, sin entender a qué se refería, mirándola con una mezcla de confusión y preocupación genuina.
Escena 3 — La prueba
Esa noche, incapaz de sacarse la idea de la cabeza, Piña decidió hacer algo que sonaba absurdo incluso mientras lo escribía en un papel. Si de verdad estaba atrapada en algún tipo de bucle, tenía que existir una forma de comprobarlo con certeza, algo que no pudiera explicarse por simple casualidad.
Anotó una frase muy concreta, algo imposible de predecir de forma normal: «Si esto de verdad se repite, mañana va a llover a las 11 de la mañana en punto, aunque hoy hace un sol radiante y no hay ni una sola nube en el cielo.»
Guardó el papel debajo de su almohada, casi esperando despertarse al día siguiente y descubrir que todo había sido una tontería sin sentido, producto del cansancio acumulado de las últimas semanas.
Escena 4 — La confirmación
A la mañana siguiente, despertó.
Era lunes. Otra vez.
Piña pasó la mañana entera pendiente del reloj, con el estómago encogido, revisando el cielo despejado por la ventana cada pocos minutos. A las 10:55, el cielo seguía completamente limpio, sin ni un rastro de nube en ningún punto. A las 10:58, empezó a pensar que quizás todo había sido una tontería después de todo, un episodio de ansiedad sin ninguna base real.
A las 11 en punto, exactamente, sin ningún aviso previo, empezó a llover.
Escena 5 — La pregunta que de verdad importaba
Piña se quedó paralizada frente al cristal del puesto, viendo caer la lluvia sobre un mercado que hacía apenas unos minutos estaba bañado en sol. El papel con su predicción seguía arrugado entre sus manos, la tinta ligeramente corrida por el sudor de sus propios dedos.
Si tenía razón, si de verdad estaba atrapada en algún tipo de bucle imposible de explicar, eso significaba que llevaba viviendo esa misma semana un número de veces que ni siquiera podía empezar a calcular con certeza.
Pero lo que de verdad le heló la sangre, más que el bucle en sí mismo, más que la lluvia imposible de predecir, fue una pregunta que empezó a formarse despacio en su cabeza, negándose a dejarla tranquila ni un solo segundo:
¿Y si el bucle no se rompía porque había algo concreto, algo específico de ese lunes exacto, que ella todavía no había hecho de la forma correcta?
Continuará mañana.

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